viernes, 11 de julio de 2014

El instante

Como comer de ti y morir en ti. Es lo único que podía recordar. Sus ojos llenos de alegría mientras mis manos acariciaban traviesas esas curvas por las que tanto trasnoché en mis noches de soledad. Me enrede, entre sus piernas. Me atraparon, sin dejarme escapar, sin yo querer escapar. Balanceando estrellas, suspirando, sudando, corriendo. Rocé sus labios, como quien se siente vulnerable y le encanta. Con fuerza, pero con un poco de sumisión,  nos hice llegar a donde sabe el universo quien.  Allí comprendí que las pequeñas cosas de la vida, que al final de cuentas no son tan pequeñas, se descubren en ese instante único donde el cuerpo, la mente y el alma son goce. Nos vi haciendo del tiempo un florero, una fogata y mil infiernos. Nos vi, nos pensé, nos deseé. Como todas las noches. Como cada madrugada. Donde no estás. Donde nunca has estado. 

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